LEYENDA DE FÍGARO


      Hay dos óperas sobre este popular personaje sevillano, "El Barbero de Sevilla" y "Las Bodas de Fígaro". Era este un barbero que tenía su casa y negocio en la entrada de la actual calle Santander, frente a la Casa de la Moneda. Fígaro era famoso en Sevilla por su habilidad en rapar barbas, rizar pelucas, teñir canas, y sobre todo por su maestría en tocar la guitarra y bailar en las fiestas. Ello le valió la amistad de un joven aristócrata, el Conde de Almaviva.

     Ocurrió que una joven llamada Rosina, de la que se había enamorado Almaviva, quedó huérfana y su tutor, un viejo cascarrabias, avaro y as­tuto, ideó casarse con la muchacha para apoderarse de su herencia. El Conde de Almaviva al darse cuenta de que el tutor tenía a Rosina como secuestrada en su casa de la Plaza de Alfaro en el barrio de Santa Cruz, pidió ayuda a su amigo el barbero Fígaro, y éste va urdiendo una serie de argucias para que Almaviva, una vez disfrazado de profesor, otra de maestro de música, otra de médico, pueda entrar en la casa y ver a su amada sin que el viejo tutor se percate. Al final y con la ayuda de Fígaro se casan Rosina y Almaviva, quedando burlado y furioso el viejo tutor.

     Todavía hoy si pasamos por la Plaza de Alfaro podemos ver en la casa que hace esquina con la calle Lope de Rueda, el balcón por donde Almaviva entraba en casa de Rosina mientras su amigo Fígaro entretenía con su charla y sus coplas al viejo tutor.

                                                                                                                     

 

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