LEYENDA DE LA FAVORITA

 

     
Esta leyenda se basa en un hecho cierto, los amores del rey don Alfonso XI con doña Leonor de Guzmán. Vivía ella en compañía de sus padres en una casa palacio, detrás del actual mercado de la calle Feria, esquina a la calle Arrayán, de cuyo palacio, que después fue de los mar­queses de la Algaba, queda un ventanal mudéjar, muy deteriorado, tes­tigo de aquellos amores, en los primeros años del siglo XIV. El rey, que estaba casado, deseoso de tener a su lado a su amante doña Leonor, dis­currió casarla con uno de sus caballeros, y llevarla así a vivir al Alcázar.

      Cierto caballero llamado don Fernando, después de haber luchado victoriosamente contra los moros de Algeciras, regresó a Sevilla donde tenía algunos bienes, y donde pensaba por sus méritos ocupar un alto puesto en la Corte. Doña Leonor de Guzmán, al darse cuenta de que el joven don Fernando se había enamorado de ella, pensó en utilizarle para la intriga de sus amores con el Rey, a cuyo efecto, sin que don Fernando supiera que ella era la amante del monarca, se ofreció en matrimonio a don Fernando. Cuando, terminada la ceremonia religiosa doña Leonor le explicó que aquel matrimonio era puramente formula­rio, pero que a cambio de su tolerancia el Rey le haría grandes merce­des, el joven caballero, loco de dolor e indignación, rompió la espada con que había servido a su Rey, y abandonando el mundo se recluyó de fraile en el convento de San Francisco, situado en donde ahora está la Plaza Nueva, que ocupa el solar de aquel.

      Doña Leonor de Guzmán tuvo con el Rey varios hijos, entre ellos el célebre conde don Enrique de Trastamara. Pero el cielo castigó al monarca y a la Favorita, pues ella fue muerta por orden de la reina esposa legítima del monarca, doña María, que está enterrada en la iglesia del convento de San Clemente, donde puede verse aun su impresionante monumento sepulcral, cubierto día y noche por un rico terciopelo rojo y, encima de él, la corona que la Reina usaba.

      El castigo del Rey fue que su estirpe legítima dejase de reinar, muriendo su hijo don Pedro, precisamente a manos de uno de sus hermanos bastardos, don Enrique de Trastamara.

                                                                                                 

 

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