LEYENDA DE DON JUAN
 

     El personaje del caballero libertino, enamorado, audaz espadachín que se atreve a desafiar no sólo a los vivos sino incluso a 105 muertos, y que por fin se redime en el momento de su muerte gracias al amor puro de doña Inés, es un caballero de existencia real, aunque su nombre no fuera ni don Juan, ni Tenorio su apellido. Los escenarios de sus amores y aventuras los encontramos en la calle Calatravas, donde según la leyenda robó a la novicia Doña Inés, del convento cuya fachada aún se conserva a la mediación de la calle, hoy convertido en parroquia de Nuestra Señora de Belén, y en escuela de formación profesional femenina.
   
    La Leyenda de don Juan cuenta que este caballero libertino en una discusión con su amigo y compañero de vicio don Luis Mejía, acordaron irse un año fuera de Sevilla a correr aventuras, para ver quien era capaz de hacer con mejor fortuna más engaños, y desafueros, y quién será capaz de conquistar más mujeres.
   
    Transcurrido el año regresaron a la Ciudad, en la misma taberna hicieron recuento de sus aventuras. Don Juan y Don Luis en este tiempo han burlado docenas de mujeres, fingiéndoles amor y dejándolas abandonadas, han participado en docenas de desafíos, han formado parte de bandas de salteadores, y cuando han sido presos han escapado de las prisiones sobornando a jueces o a carceleros.
   
   
Entre las personas que hay en la taberna se encuentra, con el rostro cubierto de antifaces porque es fiesta de Carnaval, el padre de don Juan, y el Comendador Ulloa, padre de doña Inés, que estaba prometida a Don Juan.
   
    Al escuchar el jactancioso relato de tanta infamia cometida, el anciano Comendador increpa a don Juan y le dice que jamás le entregará por esposa su hija. Por su parte el padre de don Juan, maldice a su hijo, que les vuelve la espalda a los dos burlándose de ellos.
   
    Pero todavía queda empeñada entre don Juan y don Luis una porfía pues don Luis para completar sus apostadas hazañas deberá robar una monja novicia de un convento, y él añade que también va a conquistar la novia del propio don Luis, con lo que ambos salen de la taberna.

     Don Juan valiéndose como siempre de malas artimañas, hace que sus criados secuestren a don Luis, a quién arrebata las llaves de casa de su novia, y valiéndose de la oscuridad de la noche, don Juan entra en la casa, para hacer suya a la prometida de su amigo.

     Después va al convento de Calatravas, y roba a doña Inés, su propia prometida a la que lleva a una quinta de recreo, o finca que tiene don Juan en la orilla del Guadalquivir, al pie del cerro de San Juan de Aznalfarache, cerca de la Puebla.

     Pero don Juan, que se ha burlado de tantas mujeres, se enamora de verdad de doña Inés.  Acude el Comendador Ulloa a reclamar su hija y don Juan le dice que está arrepentido de toda su conducta anterior y que quiere casarse con doña Inés. Pero también acude don Luis Mejía que ha escapado del secuestro, y que viene a pedir cuentas a don Juan de su felonía. Don Juan, acosado por ambos, mata a los dos y huye.

     Pasados varios años regresa don Juan a Sevilla, y encuentra su casa convertida en cementerio, pues su padre antes de morir le ha desheredado, y ha construido un panteón en donde reposen aquellos que murieron a manos de su hijo. Don Juan visita el panteón, y viendo al Comendador en estatua, le dice que no teme a los vivos ni a los muertos, y que si quiere venir a cenar con él le pondrá un cubierto en la mesa.

     Se celebra la cena con dos amigos de don Juan, el Capitán Centellas y don Rafael Avellaneda. A mitad de la cena aparece la estatua del Comendador, y los otros se desmayan. El Comendador anuncia a don Juan que Dios le envía para anunciarle su próxima muerte, y desaparece.

     Al volver en sí los dos invitados, piensan que don Juan les ha echado una droga en el vino para adormecerles, y fingir que el difunto Comendador se ha aparecido. Discuten y don Juan sale a la calle con sus convidados, espada en mano, para batirse.

     Don Juan es muerto por el capitán Centellas, pero un instante antes de agonizar, se le aparece doña Inés, que también había muerto, y que le amaba, y le hace arrepentirse de sus pecados, con lo que don Juan, redimido por el amor de doña Inés, se salva junto a ella.

     Los escenarios donde ocurrieron los episodios de esta leyenda, algunos auténticos y otros imaginarios, son la calle Calatravas, de cuya iglesia de Belén, Convento de Calatrava, robó según la leyenda a doña Inés, el libertino don Juan. La taberna donde discutieron don Juan y don Luis, seria la taberna de las Escobas, que aún existe entre la calle Alemanes y la calle Argote de Molina. La casa de don Juan, de donde salió desafiado con el capitán Centellas, y donde murió, sería en la antigua calle Génova, hoy Avenida de la Constitución, en la acera del Banco Central. Finalmente aún existen unas ruinas de un chalet o quinta en la orilla del río, entre San Juan de Aznalfarache y la Puebla del Río, que la leyenda quiere que sean las ruinas de la Quinta de don Juan.

     Sobre los sucesos de este personaje han escrito famosas obras de teatro los autores Juan de la Cueva, Moliere, Tirso de Molina y José Zorrilla. También ha inspirado a escultores, como Nicomedes Díaz Piquero, que ha hecho una magnífica estatua de Don Juan que podemos ver emplazada en la Plaza de Refinadores, próxima a los Jardines de Murillo.


 

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